Necesito devuelta la
palabra, se me ha ido.
No como cuando una
paloma se la lleva, ni cuando un susurro se convierte en nada.
Sólo se fue.
No sé si la dejé intentando despedirme en un aeropuerto.
Ese día habló un abrazo.
Quizás debí decir algo…
¡Adiós!
De pronto una lágrima
me habría alejado del silencio,
pero, no se conjugó nada en esa semana, ni en la siguiente. Ni mucho menos en los meses que vinieron… ni al
año.
También se pudo haber refundido mientras intentaba convencer a alguien de que
se quedara… El volumen aumentaba tanto
que perdí la voz y con ella la palabra
Quizás sólo se fue, se cansó, tiene miedo.
Se escuchó a sí misma
y huyó…
No sé exactamente qué pasó pero hoy día la necesito de vuelta.
Me siento atrapada.
Tengo un nudo con vocales, símbolos alfanuméricos, códigos
binarios y caracteres que no emiten sonido.
La gente luce preocupada cuando no logra entenderme. Al
parecer sólo digo incoherencias. Casi como si el fonema quedara desarticulado
de todo lo demás.
En esos episodios me envuelve el silencio, justo en el
momento que una buena frase articulada puede alivianar un momento de crisis.
A raíz de todo este problema, descubrí lo violento que es que no te hablen. No poder relacionar
tu voz con la información que llega al cerebro justo cuando el nervio estimula indicando
que quien te habla no es otra persona más que tú.
¡Es insultante!
Así que necesito la palabra devuelta
Seguro alguien tendrá de sobra: políticos lenguisueltos, culebreros, pastores de iglesia de barrio
Alguno debería apiadarse de mi, DIRIGIÉNDOME LA PALABRA
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