martes, 12 de julio de 2016

No te das cuenta y ya estás metido en la caja con el veneno



Blues se pasea entre nosotros, mueve su cuerpo estilizado por todos los rincones del pasillo, de las habitaciones, cada esquina es suya, cada intercepción y columna.  

A veces lame, otras se frota.

Blues es un gato. Pero también es nosotros.

A veces se detiene a mirar detenidamente un punto, y no lo deja de ver hasta que otra cualquier cosa lo distrae.

Ya Cortázar había dicho que era un teléfono yo sigo insistiendo con que es nosotros.

El gato, el teléfono, Blues, suele encontrar motas, objetos en el piso que los humanos no
diferencian pero que a él le constituye una verdadera diversión.

En uno de sus paseos nocturnos se encontró una caja de cartón, sin pensarlo saltó al interior de esta sin dimensionar su fondo. Había quedado atrapado en ese espacio completamente oscuro.

El gato, que es curioso empezó a recorrer su  interior y encontró un frasco cuyo contenido era una dosis letal de veneno sostenido a un martillo que oscilaba en todas las direcciones y que podía en algún momento romper el envase.

Como Blues no es calculador y pocas veces siente miedo. No dejo de hacer lo habitual. Después de recorrer la caja hasta aburrirse, empezó a pasar su lengua áspera por cada parte de su cuerpo, su lengua se acercaba a su pelo y lo lamía de arriba abajo tantas veces como fuera necesario, a veces pasaba su lengua continuamente unas cincuenta veces o menos dependiendo de qué tan sucio se sintiera. Inicio en su lomo, y sucesivamente fue pasando de sus patas superiores a las inferiores.

El gato ya estaba atrapado. Por lógica podían suceder dos cosas; el martillo oscilatorio podía dar con el frasco de veneno y el gato moría o nunca pasaba y el gato conservaba su vida.

En este momento el gato estaba en dos estados al mismo tiempo estaba vivo y muerto.

Pero la cuántica desafía nuestro sentido común.

El martillo podía tomar formas distintas, reaccionaba como una onda y una partícula.  Podía salir disparado como una bala pero también actuar como una onda que se despliega en el agua cuando arrojamos una piedra. Las dos formas de movimiento las tomaba  a la vez, actuaba como onda y partícula que se superponían como lo haría una onda en un charco.

Como no estamos hablando de nuestra realidad sino de la cuántica, las dos posibilidades se cumplían.

Blues, el gato y teléfono en medio de ese espacio oscuro y no conocido estaba muerto y vivo al tiempo.

Exactamente como nosotros.

¿Y si abrimos la caja? ¿si dejamos de preguntarnos por las posibilidades e intervenimos?

El gato pasaría de estar en un plano cuántico a uno real. En sus dimensiones habituales y
condiciones espaciales dentro de las leyes conocidas. Gravedad, tiempo, cansancio, miedo.

Si abrieramos la caja  encontraríamos al gato vivo o muerto y nuestra interacción habría acabado con el entorno creado. El solo hecho de observar contaminaría la situación y definiría una realidad.

Este proceso de tránsito de la realidad cuántica a nuestra realidad clásica se llama decoherencia, y es la responsable de que veamos el mundo tal y como lo conocemos. Es decir, una única realidad. Somos ese gato y ya estamos atrapados, ¿quieres definir una realidad?

¿Por qué no vivir en dos estados?, en todo caso ya estamos medio vivos y muertos

¿alguna vez te has sentido leído?




A veces te conviertes en narración y no te das cuenta. Tus acciones cuentan como historias y está bien. Otras, te vas escribiendo porque alguien te lee.

Esta es mi historia, la historia dentro de la historia. La niña a veces mujer, a veces ogro y malvado.
Imagina que el lenguaje se multiplique dentro de sí mismo. Es como si de una palabra nacieran millones de significados y al mismo tiempo dentro de cada letra se abrieran más universos dotados de sentido.
Es difícil recordar cuando lo conocí, pero si que recuerdo cuando se fue.

Me acuerdo perfectamente porque en ese instante descubrí que no era más que un personaje de ficción.

Sí, un personaje.
Un personaje creado al mismo tiempo de ser leído.

Obra de una lectura construida a través de unos ojos ajenos que van tejiendo y componiendo.

Ni mis mañanas, ni mis días, ni siquiera mis pensamientos eran míos yo sólo hacía parte de su narración.

Bajo sus pensamientos y su voz articulada dentro de su cabeza, yo fui.

Creo que empecé siendo periodista, quizás en algún tiempo fui la Maga, la viajera, a veces sabía a blues y otras a grunge todo mientras él me leía…

El problema comenzó cuando fui lágrima, oscuridad y sólo drama. Cero resolución.
Fui sintiendo al mismo tiempo que él que me iba quedando en la misma página. Nos íbamos quedando ahí.
Él desde su sillón, yo desde esa misma línea repetida.

El personaje que había enamorado al lector lo empezó a aburrir. Ya no eran las mismas horas dedicadas a esa lectura. Su mirada se iba sintiendo distante y justo cuando yo seguía dando círculos en la misma idea de ese párrafo 1300. él cerró el libro.

Y de heroína me fui sintiendo la síntesis de una palabra, el suspiro de un punto seguido. El salto de página. Fue en ese instante que me di cuenta que era ese fragmento del libro. Una ilusión , una vida sin destino.

Y quise salir corriendo, volver a ser lo que había sido, terminé en otras historias de dragones y geishas.

Pero no era más que una frase sin sentido.

Atrapada entre esas páginas, notando que mis pensamientos no me pertenecian, quise escribir un libro.

El personaje de ficción tomaba ahora la pluma y dejé de ser más la que estaba adentro sin escape en esas líneas.

Miré hacia fuera y pude ver quien me leía. Descubrí a un lector, formado como yo. Contradicciones internas, conflictos narrativos, puntos de giro y millones de batallas entre lo bueno y lo malo, lo ético y antietico, lo sintético... Él también era un personaje ficticio, esa es la naturaleza del lector, la contraparte necesaria para aquel que es leído. -

lunes, 17 de marzo de 2014

finales



Te convertías en un pensamiento recurrente del que había que escapar.

Cuando tu mirada del mundo es del corazón hay que tener mucho cuidado. No siempre sentir podrá ser tu motor
pensarte me permitía escapar de la realidad, me permitía dejar de hacer una lectura del mundo desde las malas decisiones de antaño. Mi posición actual, era una mezcla de fracasos que yo envolvía y envolvía hasta cubrir de distintas capas de varias tonalidades.
Quererte me hacía salir de aquí, pensar en mi, descubrirme… pero ¿quién eras tú? Eras sólo un pensamiento que construía con pequeños trazos de lo que considerara era para mí el amor… los referentes que tenía en casa, en amigos, en libros en películas.. Pero realmente ¿eras tú?
Es claro que no
Eras ese remedo de emociones, sanciones, miradas . Pero no eras tú-…antes ya había cometido el error de dotar con poderes a quien estaba conmigo… un error que llevó a que a esas personas las atravesara la realidad y los empezara a ver como la automática reacción de verme al espejo cada mañana. Hasta que un beso sin ganas y la presión de contestar el teléfono nos acercara al final.
La última nota de una canción que queda en el aire hasta desaparecer.

sábado, 15 de marzo de 2014

Necesito devuelta la palabra, se me ha ido.

Necesito  devuelta la palabra, se me ha ido.
 No como cuando una paloma se la lleva, ni cuando un susurro se convierte en nada.
Sólo se fue.
No sé si la dejé intentando despedirme en un aeropuerto.
Ese día habló un abrazo.
Quizás debí decir algo…
¡Adiós!
 De pronto una lágrima me habría  alejado del silencio, pero,  no se conjugó  nada en esa semana, ni en la siguiente.  Ni  mucho menos en los meses que vinieron… ni al año.
También se pudo haber refundido  mientras intentaba convencer a alguien de que se quedara… El volumen aumentaba  tanto que perdí la voz y con ella la palabra
Quizás sólo se fue, se cansó, tiene miedo.
 Se escuchó a sí misma y huyó…
No sé exactamente qué  pasó pero hoy día la necesito de vuelta.
Me siento atrapada.
Tengo un nudo con vocales, símbolos alfanuméricos, códigos binarios y caracteres que no emiten sonido.
La gente luce preocupada cuando no logra entenderme. Al parecer sólo digo incoherencias. Casi como si el fonema quedara desarticulado de todo lo demás.
En esos episodios me envuelve el silencio, justo en el momento que una buena frase articulada puede alivianar un momento de crisis.
A raíz de todo este problema, descubrí  lo violento que es que no te hablen. No poder relacionar tu voz con la información que llega al cerebro justo cuando el nervio estimula indicando que quien te habla no es otra persona más que tú.
¡Es insultante!
Así que necesito la palabra devuelta
Seguro alguien tendrá de sobra: políticos lenguisueltos, culebreros, pastores de iglesia de barrio 
Alguno debería apiadarse de mi, DIRIGIÉNDOME LA PALABRA

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Intro

Aún en mi realidad más conocida me sentía perdida, la frustración de nunca haber puesto atención a las cosas importantes tenía un peso significativo

No me sentía en ninguna parte, mis sensaciones me decían que no me había ido pero las imágenes a mi alrededor cambiaban todo el tiempo. ¿Cuántos años nos tomamos generando símbolos que otros se llevan? En una mirada calificamos a los demás de acuerdo a su edad,  peso, tamaño, color. Es una función automática y constante derivada de todo a lo que nos gustaría aferrarnos, a lo que nos gustaría pertenecer. 

Yo seguía levantándome con la noción de estar haciendo una y otra vez sólo lo predecible. Llevaba años sin hacer nada nuevo, estaba encasilla a lo que había hecho de mi misma.

Bajar la cabeza, fluir, seguir, parar, arrodillarse, todo sabía a lo mismo y dejaba una sensación de hastío hacia lo conocido. 


jueves, 21 de noviembre de 2013

¿Para qué sirve un muerto?

Un muerto, es un objeto inamovible. Sino me cree intente moverlo...

Un muerto es un rezago, el frío que acompaña la soledad. Pero también es un buen adorno para el día a día. Su color pálido combina con todo por lo que a veces no está mal llevarlo de sombrero.

A él le lucía su muertico. No sólo le hacía ver bien su cabeza, sino que en ocasiones era un buen motivo para regalar flores. Cada pensamiento con tintes de recuerdo expedía un olor a rosas blancas y a veces a margaritas.
La piel tersa de su muerto le sobresalía por los hombros, lo cubría como si lo sujetara de un abrazo que contenía todo el peso de la muerte.
Sus largos brazos y piernas le cobijaban sin darle ningún traspaso de calor lo que le permitia equilibrar la temperatura en días muy cálidos.

Podía estar de día o de noche y él llevaba su muerto. Los vecinos lo miraban sin acercarse.
Habían días donde el olor del muerto era tan fétido que la comunidad exigía traspaso de barrio.
Aún así el muertico le lucía.

La cabellera de su muerto igual que las uñas le seguían creciendo como desafiando toda lógica. Él muy juicioso pasaba sus tardes peinando este largo pelo para arroparse en las noches.
Completamente enamorado de su muerto, este hombre añoraba su belleza críptica, sus fuertes olores, la piel desprendida, su sexy sonrisa y sus tetas bien puestas.

Un día en sus paseos de parque donde ocasionalmente su muerto desprendía piel, él vio a una mujer.
Ni fría, ni fétida, ni críptica y más bien viva. Su pelo no crecía desafiando toda lógica, era tíbia, suave y tenía todos los dientes.
Acomodándose el muerto, él la saludó y ella sólo respondió con una sonrisa cálida. Pasaban los días y se hacían más frecuentes sus encuentros en el parque. Terminaron tan cerquita que el tiempo y el espacio se contrajeron como un resorte.

Ella le veía el muerto, le ayudaba a combinarlo con los zapatos, le acomodaba la corbata, y lo veía tras de él como si ese fuese el peso que llevaba. Él, ella y aveces sólo ella.

Así lo quiso.

Después de un tiempo su muerto comenzó a ser invisible para ella.

Una tarde, después de una separación de esas que se siente desde adentro con el otro cuerpo a centímetros; ella volvió a ver  a su muerto encima de él y ella sabía que él soñaba porque el olor a margaritas era tan fuerte que le provocaban arcadas.

El muerto estaba encima de él y lo cubría todo, lo tomaban del cuello y lo hacía desaparecer entre su piel muerta.
Ella quiso ponerlo de florero pero este resistía como si aún le quedara algo de vida.

Era un bello triángulo amoroso que no sólo desafiaba toda lógica sino que era un caso enigmático de vida y muerte, de pasado y presente. Al final, ella terminaría cargando su propio muerto.

miércoles, 30 de octubre de 2013

30 de octubre

Hoy el cielo me habitó.
 El mismo gris azulado, amenazante y nostálgico me sacudió de un tirón en la mañana y ahí adentro, se quedó.
 No puedo explicarlo... sólo sé que el cielo estuvo en mi. Me recorrió dejando mi capa de piel inservible . Cada matiz con el transcurrir de las horas me cambiaba la tonalidad. La brisa helada me erizaba los pelos hacía adentro. Cuando llovía yo lloraba, mi cuerpo era uno con el cielo.
Hubo un momento donde la llovizna se hizo aguacero y era sentir en mis cavidades la humedad y las calles frías.
Mientras caía la tarde hice maromas para que no me oscureciera adentro. Pero aún así, fue muriendo el sol y consigo vino la pesadez . Mi cuerpo ya era completamente noche y empecé a cargar recuerdos, a llenarme de anhelos, de sueños, de intrigas, de gente buscando estrellas y sólo sé que todo pesaba... Así, oscura tomé distintas formas. Fui el miedo de un niño que escapaba a la oscuridad, fui también el mostruo debajo de la cama, fui las lágrimas de quien espera la noche para descargarse, fui.

Ya completamente exhausta sólo esperaba el alba, quería sentirme carne, quería mi cuerpo tibio, quería días y noches trascurridos que pasaran sin atrevesarme .Esperé y esperé y el día seguía adentro, se hizo clarito y sólo ahí entendí que bajo esos colores que sólo da el amanecer, mi cuerpo podía ser primavera, entre formas la lección era continuar. Darle la bienvenida al sol, a su continuo suicidio y  regreso .A la noche con su pesadez...