miércoles, 25 de diciembre de 2013

Intro

Aún en mi realidad más conocida me sentía perdida, la frustración de nunca haber puesto atención a las cosas importantes tenía un peso significativo

No me sentía en ninguna parte, mis sensaciones me decían que no me había ido pero las imágenes a mi alrededor cambiaban todo el tiempo. ¿Cuántos años nos tomamos generando símbolos que otros se llevan? En una mirada calificamos a los demás de acuerdo a su edad,  peso, tamaño, color. Es una función automática y constante derivada de todo a lo que nos gustaría aferrarnos, a lo que nos gustaría pertenecer. 

Yo seguía levantándome con la noción de estar haciendo una y otra vez sólo lo predecible. Llevaba años sin hacer nada nuevo, estaba encasilla a lo que había hecho de mi misma.

Bajar la cabeza, fluir, seguir, parar, arrodillarse, todo sabía a lo mismo y dejaba una sensación de hastío hacia lo conocido. 


jueves, 21 de noviembre de 2013

¿Para qué sirve un muerto?

Un muerto, es un objeto inamovible. Sino me cree intente moverlo...

Un muerto es un rezago, el frío que acompaña la soledad. Pero también es un buen adorno para el día a día. Su color pálido combina con todo por lo que a veces no está mal llevarlo de sombrero.

A él le lucía su muertico. No sólo le hacía ver bien su cabeza, sino que en ocasiones era un buen motivo para regalar flores. Cada pensamiento con tintes de recuerdo expedía un olor a rosas blancas y a veces a margaritas.
La piel tersa de su muerto le sobresalía por los hombros, lo cubría como si lo sujetara de un abrazo que contenía todo el peso de la muerte.
Sus largos brazos y piernas le cobijaban sin darle ningún traspaso de calor lo que le permitia equilibrar la temperatura en días muy cálidos.

Podía estar de día o de noche y él llevaba su muerto. Los vecinos lo miraban sin acercarse.
Habían días donde el olor del muerto era tan fétido que la comunidad exigía traspaso de barrio.
Aún así el muertico le lucía.

La cabellera de su muerto igual que las uñas le seguían creciendo como desafiando toda lógica. Él muy juicioso pasaba sus tardes peinando este largo pelo para arroparse en las noches.
Completamente enamorado de su muerto, este hombre añoraba su belleza críptica, sus fuertes olores, la piel desprendida, su sexy sonrisa y sus tetas bien puestas.

Un día en sus paseos de parque donde ocasionalmente su muerto desprendía piel, él vio a una mujer.
Ni fría, ni fétida, ni críptica y más bien viva. Su pelo no crecía desafiando toda lógica, era tíbia, suave y tenía todos los dientes.
Acomodándose el muerto, él la saludó y ella sólo respondió con una sonrisa cálida. Pasaban los días y se hacían más frecuentes sus encuentros en el parque. Terminaron tan cerquita que el tiempo y el espacio se contrajeron como un resorte.

Ella le veía el muerto, le ayudaba a combinarlo con los zapatos, le acomodaba la corbata, y lo veía tras de él como si ese fuese el peso que llevaba. Él, ella y aveces sólo ella.

Así lo quiso.

Después de un tiempo su muerto comenzó a ser invisible para ella.

Una tarde, después de una separación de esas que se siente desde adentro con el otro cuerpo a centímetros; ella volvió a ver  a su muerto encima de él y ella sabía que él soñaba porque el olor a margaritas era tan fuerte que le provocaban arcadas.

El muerto estaba encima de él y lo cubría todo, lo tomaban del cuello y lo hacía desaparecer entre su piel muerta.
Ella quiso ponerlo de florero pero este resistía como si aún le quedara algo de vida.

Era un bello triángulo amoroso que no sólo desafiaba toda lógica sino que era un caso enigmático de vida y muerte, de pasado y presente. Al final, ella terminaría cargando su propio muerto.

miércoles, 30 de octubre de 2013

30 de octubre

Hoy el cielo me habitó.
 El mismo gris azulado, amenazante y nostálgico me sacudió de un tirón en la mañana y ahí adentro, se quedó.
 No puedo explicarlo... sólo sé que el cielo estuvo en mi. Me recorrió dejando mi capa de piel inservible . Cada matiz con el transcurrir de las horas me cambiaba la tonalidad. La brisa helada me erizaba los pelos hacía adentro. Cuando llovía yo lloraba, mi cuerpo era uno con el cielo.
Hubo un momento donde la llovizna se hizo aguacero y era sentir en mis cavidades la humedad y las calles frías.
Mientras caía la tarde hice maromas para que no me oscureciera adentro. Pero aún así, fue muriendo el sol y consigo vino la pesadez . Mi cuerpo ya era completamente noche y empecé a cargar recuerdos, a llenarme de anhelos, de sueños, de intrigas, de gente buscando estrellas y sólo sé que todo pesaba... Así, oscura tomé distintas formas. Fui el miedo de un niño que escapaba a la oscuridad, fui también el mostruo debajo de la cama, fui las lágrimas de quien espera la noche para descargarse, fui.

Ya completamente exhausta sólo esperaba el alba, quería sentirme carne, quería mi cuerpo tibio, quería días y noches trascurridos que pasaran sin atrevesarme .Esperé y esperé y el día seguía adentro, se hizo clarito y sólo ahí entendí que bajo esos colores que sólo da el amanecer, mi cuerpo podía ser primavera, entre formas la lección era continuar. Darle la bienvenida al sol, a su continuo suicidio y  regreso .A la noche con su pesadez...




martes, 1 de octubre de 2013

Mi abuelo y yo

Siempre que pienso en mi abuelo lo veo pasando hojas de periódico junto a la ventana de la sala.
Siempre repuestico, sin que le pasen los años, barrigón y tranquilo.
Su cuerpo para mi, siempre ha sido todo un misterio. Desde que era niña pensaba que nadie era más grande que él. Siempre fue inalcanzable, para mi es un gigante.

El tiempo que le dedica diariamente a leer el periódico es un momento único para el silencio y la serenidad. Pasa hojas como llevándose el tiempo en sus dedos.
Concentradito hace gestos y asienta con la cabeza mientras recorre palabras con sus cansados ojos y sus gafas de abuelo.
Yo podría verlo horas para contagiarme de ese instante.
Me dice: -Mija, ¿sí supo? y me pasa el periódico para que me entere con un cuidado especial.
Percibe el sonido de la hoja al arrugarse y se altera inmediatamente, hace un gruñido fuerte y conciso como si algo realmente grave hubiese ocurrido.

Creo que algún día quise llegar a ser objeto de su lectura, que pasara mis paginas, mis palabras y que viera escrito mi nombre impreso como el de esos periodistas conocidos o no tanto que lee diariamente.
Disfrutar de su acentuación, de su tarareo. Porque él no sólo lee sino que tararea las palabras como recordando una buena tonada.

Quizás por él quise ser periodista.

Pero las palabras son mi debilidad, con una fuerza irresistible llegaron a mi vida seduciendome y enamorándome para siempre. Fue otro amor que quise dejar hasta ahí, me rendí  y dejé de escribir. Nada fue lo suficientemente bueno y me fuí, huí como lo hice con la música.

-"Ese solo te sonó muy bonito pero NUNCA cantaste en la tonalidad que era"

dijo la voz que me calló hace ya siete años-

El poder de un sueño es tan poderoso que te pude constituir e incluiso destruir y es un duelo infinito cuando dejas algo que realmente sueñas. 
























domingo, 25 de agosto de 2013

Blanco

Me perdía en el blanco infinito de mi techo, unía los puntos que se convertían en imágenes que sin duda salían de mi cabeza. 
A lo lejos escuché los pasos de mi madre que se dirigía a la cocina.
Intempestivamente se oyó el ruido ensordecedor de la licuadora que se encendía en primera. 
Sin esperarlo, vi como quien me había cuidado, alzado, llorado introducía lentamente pero decidida sus manos delicadas en las cuchillas afiladas de ese pequeño motor. Poco a poco se iban desprendiendo las uñas, la piel eran pequeñas tiras unidas a ese árbol de venas que ahora era visible.
En cuestión de segundos los huesos de la mano eran roídos por esos dientes metálicos que sólo destruían.
El sonido se hacía cada vez más fuerte un olor cobrizo se filtraba en el aire. El final fue el silencio. 

La angustia me consumía, todo era un mar de sangre y  de impulsivas decisiones. El miedo me ahogaba y mientras me sofocaba en lágrimas, una voz distante dijo: “niños pasen a almorzar” y solo era yo, de nuevo en BLANCO.

viernes, 23 de agosto de 2013

Ausencia de mi


Hoy tengo ausencia de mi,
Ganas de mi.
La falta me hace buscarme, recorro habitaciones, abro puertas.
Pronuncio mi nombre pero nadie responde.
Me devuelvo, recorro caminos, silencios, sonrisas. 
Abro puertas, cierro otras. 

"En este recorrido, me he sentido perdida, alejada, extrañada... también he tenido la sensación de buscarme largamente. He dolido lo que he sido, lo que no, e incluso lo que seré, esa constancia de una "esencia" que a veces reniego"


Encuentro una niña cachetona que me invita a seguir,   me hace sentar y entrar en su juego. Les habla a los suyos que no son precisamente de carne y hueso. Jamás me he sentido tan tranquila. Interpretan miradas,  hablan del amor como un asunto de sueños y acertijos.
Mientras como pasto e invento alimentos con cosas caseras poco dirigibles, ella, me hace una seña. Es hora de partir. Aún no encuentro lo que busco, aún no me veo a mi.


"Me parece necesario el reflexionar, el diálogo, la evaluación... pero en su exceso me han llevado a encerrarme a aislarme, y entonces ha aparecido una paradoja de la que huyo, cómo puede ser que el intento por encontrarme, me pierda más, me aniquile..."


Continúo mi camino. Se atraviesa el miedo. Miedo en forma de violencia, miedo en forma de sociedad, miedo en miradas,  miedo en índices, miedo.
 Algo alcanzo a distinguir y veo como un trozo de ilusión se ha quedado ahí.

Lo recojo. 


"y aunque me falta práctica de a pocos me parece que asumir las certezas que tenemos, pero también las dudas y las preguntas, trae una tranquilidad suave. No total, no tremenda, no finita. A lo que voy... es que de golpe me estrellé con la idea de que ese "yo" quiere salir y ser libre y llevarme..."


Salgo de esa zona oscura y me preguntó sí abrí las suficientes habitaciones. Vuelvo a unas miradas con cuerpos. Al parecer me reflejo allí y súbitamente salto sin entender las proporciones de mi cuerpo. Abro los parpados, siento la pupila y entro por el iris.
Veo  alguien balanceándose en palabras, construyendo mundos, creando pájaros. Veo alguien tratando de entrar al subconsciente de alguien vacío 



" todavía no entiendo muy bien como pasear con él, pero tampoco quiero castigarlo más, ni castigar a otros por no entenderlo. Saludos al tuyo, que tan ricas conversaciones y aprendizajes me traen. Abrazos Mujer. A seguir caminando, aprendiendo y creciendo, que la vida parece ser eso".

Ya cansada empiezo a abrir cajones a descubrir lenguaje que al mismo tiempo encierra símbolos e imágenes que en algún punto  han quedado sin ser interpretados.
Otras palabras tiradas al ruedo son lanzadas desde diferentes puntos por no decir labios, incluso algunas muy osadas empiezan a meterse por entre la puerta. No hago mucho esfuerzo por evadirlas, las escucho, me las como sin saber que repentinamente me provocarán ese reflujo que da tras una dieta mal balanceada.
Como me gustan las palabras…
Ya perdida, agotada y conforme,  decido ir al inicio.
 Sorprendida encuentro que justo ahí dónde empecé, en la ausencia y la pregunta, estaba YO.

jueves, 15 de agosto de 2013

Lo más cercano a la autoayuda


Si quieres vivir una vida mas o menos alejada de la infelicidad que produce  triunfar, alcanzar el éxito, encontrar el amor y todos esos lugares comunes  que comparte el entorno, tendrás primero que abrir los ojos.
 Pero no abrirlos como quien quiere ver si pone el pie derecho o izquierdo, sino abrirlos junto con los sentidos. 
Hay que transformar al tiempo en un invento posmoderno, 
salir a recorrer la ciudad, el campo, la alameda, jugar a descubrir las fragancias que guarda el viento tras su paso o incluso el bus a las seis de la tarde en un día húmedo.
 Sorprenderse por las texturas de la amiga que siempre quiere innovar en la moda. 
No olvidar como se siente caminar mientras las luces te pegan en la cara,
 ni el momento de pánico que guarda el silencio.
 Aprende a escuchar desde las miradas que hablan, juega a descubrir qué espacios son necesarios en qué situaciones.  
No sonrías todo el tiempo, eso es lamentable. 
Sal de las conversaciones de siempre y retoma las nubes o la vieja pregunta ¿Qué quieres ser cuando seas grande? 
Pregúntate ¿qué no has conocido?.  
Llévate al límite. 
No te quedes parado si lo que quieres sentir es un cuerpo ensangrentado.
No aparentes, deja que el mundo empiece a sentirse incomodo por tu extrañeza, 
 y entenderás que los cubículos son agobiantes, los lujos incensarios y la vida es corta. 

domingo, 17 de marzo de 2013

Barajar, elegir, descartar.

"Tal vez juguemos toda la vida"
Las cartas ya estaban repartidas, era el momento de comenzar la apuesta.
Cada uno tenía su juego mientras se miraban con sonrisas cómplices, en el fondo falsas.
Nadie quería salir herido.
Era importante leer esas caras, el lenguaje del cuerpo, las señas, ek tock, tock, ¡paso!.
Las manecillas del reloj marcaban cada partida, el  jugador podía subir la apuesta, ir, o no ir.
Él le prometía un buen juego sin perdida, mientras le apretaba la mano preocupado. Tenía una jugada que nadie se esperaría.
 Desde el "blind" ella ya iba a perdida. En esa mesa dejaba más que sus consistentes ganas de estar a su lado, apostaba su recuerdo, esa cara llena de pasado. la ilusión de volver a empezar el juego. 
En la mesa no podía haber duda y sin embargo estaban hasta el tope de esta. Las manos temblorosas  los cuerpos indecisos, las ganas de salir huyendo. 
Ninguno se tomaba el juego en serio. Aunque en la próxima jugada se dejaban así mismos, ellos eran la apuesta.
 El repartidor mostraría las cartas, una sobre otra. Al destapar las cartas se sabría el ganador. 
"Si estas incomoda vete, lo menos que quiero es que pases un mal momento"
" Yo estoy bien" respondió ella, sin levantarse

El reloj mostraba el final de la jugada, las cartas se destaparon. Él, no la había elegido.
Mientras se marchaba para siempre, ella se detuvo y con unas ganas incontenibles giró su cabeza para ver por última vez esa mesa donde había dejado todo. El impulso la llevaba sin pensar que al final de ese giro encontraría un nuevo jugador que nunca había visto en el trascurso del juego. Este acercaba el pedazo de órgano ajeno que se había ganado en el juego, mientras sonreía.