domingo, 2 de octubre de 2011

Ciudad

Contigo en vacío
Las calles se derriten como relojes  y de repente estoy de pie en una sociedad como las que describiría  Patrick Suskind Allí, veo mujeres colgadas en arneses a la espera de aquel hombre que vendería su vida por sentirse amado y así perder lo único en el mundo que les da estabilidad: sus pantalones.
Necesito de más de tres tragos para poder soportar un ritual de hombría como tal, su mirada de plano es como la de un lobo que sólo busca alimento y justo allí empiezo a ser yo .Hombres de carne sedientos de sangre y huesos si pudiera arrancarme cada parte se las alquilaría como un trozo y aún allí vuelta pedazos me preguntaría por qué el corazón sigue latiendo y la cabeza idealizando.
Esto no es Francia del XVIII pero si es una buena muestra del abandono humano. Aquí rodeada de más carne que a veces es gente y de esta carne que no siempre es humana me refugio en el silencio y en esas luces rojas y amarillas que titilan cuando el silencio toma a la ciudad. La gente calla y en su desespero se hunde en el silencio. Todos les servimos a aquellos que tienen comprado el futuro y aquí de expertos sólo tenemos, lo de ser abejas.

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