Las cartas ya estaban repartidas, era el momento de comenzar la apuesta.
Cada uno tenía su juego mientras se miraban con sonrisas cómplices, en el fondo falsas.
Nadie quería salir herido.
Cada uno tenía su juego mientras se miraban con sonrisas cómplices, en el fondo falsas.
Nadie quería salir herido.
Era importante leer esas caras, el lenguaje del cuerpo, las señas, ek tock, tock, ¡paso!.
Las manecillas del reloj marcaban cada partida, el jugador podía subir la apuesta, ir, o no ir.
Él le prometía un buen juego sin perdida, mientras le apretaba la mano preocupado. Tenía una jugada que nadie se esperaría.
Desde el "blind" ella ya iba a perdida. En esa mesa dejaba más que sus consistentes ganas de estar a su lado, apostaba su recuerdo, esa cara llena de pasado. la ilusión de volver a empezar el juego.
En la mesa no podía haber duda y sin embargo estaban hasta el tope de esta. Las manos temblorosas los cuerpos indecisos, las ganas de salir huyendo.
Ninguno se tomaba el juego en serio. Aunque en la próxima jugada se dejaban así mismos, ellos eran la apuesta.
El repartidor mostraría las cartas, una sobre otra. Al destapar las cartas se sabría el ganador.
"Si estas incomoda vete, lo menos que quiero es que pases un mal momento"
" Yo estoy bien" respondió ella, sin levantarse
El reloj mostraba el final de la jugada, las cartas se destaparon. Él, no la había elegido.
Mientras se marchaba para siempre, ella se detuvo y con unas ganas incontenibles giró su cabeza para ver por última vez esa mesa donde había dejado todo. El impulso la llevaba sin pensar que al final de ese giro encontraría un nuevo jugador que nunca había visto en el trascurso del juego. Este acercaba el pedazo de órgano ajeno que se había ganado en el juego, mientras sonreía.
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