jueves, 26 de enero de 2012

Claustrofobia

Sometida al efecto de lluvia a las cuatro de la tarde.

El cielo lo humedece todo a su alrededor  y sólo queda pensar en las fatalidades banales que envuelven el alma. La nostalgia, bendita esta  sale a flote con la nube gris.  Y sólo queda sentir claustrofobia.

-Me ahogo,  las paredes se achican y hacen lo posible para alcanzar mis pulmones, tengo el techo sobre mí y ya no puedo permanecer más tiempo en este lugar,  la respiración disminuye

Ernesto mientras tanto descubre que aún puede llorar mientras ve pasar su vida por la ventana. Una, a una caen las gotas.
Hay una enamorada sórdida de esperanza que  ante la muerte de la idealización, aguarda volver a ver todo como soñó.
Sentada en el sillón que sólo se toca cuando la empleada no lo arregla y hay visitas, yace esta mujer   que ablanda su corazón en ese instante de apaciguamiento.

Siempre cuando no la ven.

Sin embargo Sofía espera que toquen a su puerta y ver aparecer al hombre que revuelve y al mismo tiempo  mortifica.

Es un buen día para los amantes que se exaltan ante la  ausencia  extendida ,es el momento de las pasiones  muertas. El miedo, la acción, las malas palabras les recordarán lo que es estar vivo mientras escuchan los pasos que se avecinan. El sudor frío cubre sus cuerpos y no quieren dejarse. 
Una coincidencia así no volverá a pasar del mismo  modo, habrá que aferrarse cada más en el transcurrir de la acción. Por una vez no se sentirán solos y sabrán de libertad.

Ya Federico García Lorca escribía:
“El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.”

La avaricia y el dinero no tiene cabida para quienes ven llover en un segundo la vida puede cobrar más sentido que en 10 años vividos todos se rinden ante su poderío y como si fuera un ritual místico se extiende el silencio mientras entona su canto.

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