En este libro atroz yo puse todo mi corazón, toda mi sensibilidad, toda mi religión, todo mi odio. Extranjero dentro de un mundo que niega, maldice y condena, Baudelaire no hace otra cosa que explorar el infierno y el mal. Puesto que la vida no es éxtasis y horror, Comparte desigualmente entre Dios y Satán, el poeta la transfigura dentro de un lugar imaginario donde la desesperanza y la belleza se confunden, él se escapa en un hachís a paraísos artificiales. De opio y vino, los de la lujuria y el vicio. El aburrimiento, la muerte y la decadencia le persiguen hasta la locura.
Otros escapes se le ofrecen a él, los navíos, los puertos, los océanos a los países lejanos donde todo es lujo y belleza. Las Flores del Mal son su diario, el grito de terror y el goce de un poeta. Flores enfermas que anuncian toda la literatura moderna cuyo perfume y veneno no cesan de perturbar las generaciones
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